María
Montessori, Doctora y educadora pionera, nació en Italia
el 31 de agosto de 1870 y murió en 1952. A principios de
siglo, en 1906, surge en Italia el método de educación
para niños de 3 a 6 años creado por la Doctora María
Montessori. Hoy este enfoque educaciónal se ha expandido por todo
el mundo, ampliándose al trabajo con niños desde su
nacimiento hasta el final de la educación media. En Chile
se ha estado aplicando con mucho éxito tanto en la educación
preescolar como en la básica. Desde hace poco tiempo se ha
comenzado a hacerlo en la enseñanza media.
La Doctora
Montessori fue una gran visionaria, con una postura tanto científica
como humanista del desarrollo del niño y de su educación.
Surgen conceptos como "embrión espiritual", "períodos
sensibles", "mente absorbente", "normalización",
que se sustentan en la paciente y sensible observación de
niños en situaciones familiares cotidianas, y en ambientes
preparados con materiales que responden a las necesidades de los
niños.
María
Montessori muestra en sus escritos una capacidad de sorprenderse
con actitudes y acciones de los niños que a nosotros no nos
llamaría la atención, viendo en cada situación
una señal del desarrollo interno que se va produciendo en
ellos. Hay en ella una profunda fe en el niño , una fe en
la energía universal que se está desenvolviendo en
cada ser en evolución.
Ella usa el término "normalización" para
describir este proceso de desarrollo normal y armónico, que
trae consigo alegría y paz espiritual.
En
sus libros, ella menciona haber descubierto a un nuevo niño,
un niño que aprende con alegría, que ama el trabajo
y que puede concentrarse en él por períodos prolongados,
que disfruta del sonido armónico y del silencio, que sabe elegir
lo mejor para sí mismo y que colabora con el orden del ambiente.
Es un niño cuyas energías de desarrollo se han encauzado
con suavidad por la vía de la evolución, y que disfruta
de una armonía interna. Sin embargo, muchos adultos identifican
al niño como a un ser ruidoso, que destruye todo lo que toca
y del cual hay que defender nuestras más preciadas pertenencias,
que no es capaz de usar objetos delicados y bellos, y lo ven como
un ser desordenado y caprichoso. Para María Montessori, estos
niños han desviado sus energías de desarrollo debido
a que la mayoría de los adultos se las reprimen, demostrando
desconfianza a la presencia en el niño de una guía interna.
Pretenden que el niño comprenda el mundo, la sociedad y sus
valores desde que empiezan a moverse y desplazarse, dando prioridad
a un muro perfectamente limpio o a un jarrón, en vez de su
desarrollo. Todos cometemos errores en nuestros procesos de aprendizaje
y aprendemos de ellos, si nos dan la oportunidad y si confían
en nosotros.
La normalización
se relaciona con la satisfacción de nuestras necesidades
de crecimiento, lo que se traduce en progreso, gastando un mínimo
de energías en tratar de vencer obstáculos y de sanar
desviaciones pasadas. Las energías de desarrollo encuentran
satisfacción en la acción ordenada, en el trabajo
concentrado y en la realización de nuestra voluntad.
El desarrollo
de la voluntad es otro de los grandes logros de este enfoque educaciónal.
Se comienza ya con el lactante.
El niño
está en un ambiente de libertad donde tiene que respetar
a cada persona y cuidar los objetos que allí se encuentran.
En los jardines
infantiles y colegios Montessori hay salas de clases llenas de repisas
con objetos y materiales que cada niño puede elegir. Existe
sólo un objeto de cada uno, pero hay una gran variedad de
ellos. El niño aprende que si el material que él quiere
usar está ocupado por otro, debe esperar hasta que esté
disponible o, si no, pedir al otro niño que lo comparta con
él. Esto se transforma en una experiencia social. El niño
debe aceptar la posible negativa del otro, o bien irá desarrollando
su paciencia en una experiencia muy concreta. Estos pequeños
detalles lo van preparando para convivir sanamente en nuestra sociedad,
donde muchas veces debemos esperar, hacer colas, o uscar otras formas
más creativas para lograr nuestros objetivos.
El ambiente
preparado, o sala de clases, está dividido en áreas
como matemáticas, lenguaje, ciencias, geometría, arte,
vida práctica, u otras áreas dependiendo de la edad
de los niños. Cada uno elige el área donde trabajará
y el material que ocupará, y si lo hará solo o en
compañía de otros niños. Cada uno estará
ocupado en algo diferente, pero cada ocupación responde a
objetivos presentes en los programas nacionales de educación,
cumpliéndose así con las exigencias del Ministerio
correspondiente.
Los niños
se agrupan en rangos que abarcan tres años: de 3 a 6 - 6
a 9 - 9 a 12 - 12 a 15 - y 15 a 18 años de edad, permaneciendo
así tres años en la misma sala, ojala con el mismo
profesor. De esta forma no hay un "nivel" del grupo, cada
cual tiene su propio nivel y su propio ritmo, adaptándose
perfectamente bien los niños más lentos o los más
rápidos. Se crea un ambiente lleno de actividad, de alegría
y de compañerismo. Los niños menores admiran a los
mayores y éstos ayudan a los menores en su proceso de descubrir
y comprender nuestra cultura, aprendiendo desde pequeños
a investigar y a amar el aprendizaje. No existe competencia por
ser el mejor del grupo, ya que cada cual se esfuerza de acuerdo
a sus propias posibilidades. Existen desafíos por superar,
metas por lograr y tiempo para conversar, descansar y crear.
Habitualmente
se usa el término "trabajo" para denominar la actividad
del niño como una forma de llamar la atención del adulto
a su importancia. Por lo general, no respetamos tanto el juego como
lo hacemos con el trabajo, y ensamos que no hacemos ningún
daño al interrumpirlo. Sin embargo, el niño a través
de su actividad (juego o trabajo) está construyendo su psiquis
y desenvolviendo todo el potencial que trae. María Montessori
dice: "el niño es el constructor del hombre, y no existe
ningún hombre que no se haya formado a partir del niño
que fue una vez."
En
un ambiente Montessori cada persona es respetada, formándose
desde pequeños una auto-estima positiva y un profundo sentido
de dignidad personal. Se conversa de persona a persona, escuchando
las dudas y opiniones y espondiendo en forma discreta y veraz. Cada
persona, cada niño, cada ser vivo, es considerado como alguien
importante en el equilibrio de nuestro cosmos.
Los establecimientos
que aplican este enfoque educaciónal están abiertos
a recibir a las personas que deseen observar a un grupo de niños
en acción. Existe en cada sala sillas de observación
y se invita especialmente a los padres de los niños a observar,
de modo que se integren en el proceso de desarrollo de sus hijos.
Bibliografía.
María Montessori.- El Niño. El Secreto de la Infancia.-
Diana Paula Polk.- Un Enfoque Moderno al Método Montessori.